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Convivir con una persona mayor

By 14 septiembre 2017

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Uno de los deseos más habituales cuando eres joven es jubilarte, llegar a la vejez y vivir muchos años. Sin embargo, cuando llega la etapa del envejecimiento y de la dependencia, muchas cosas no resultan tan idílicas como parecía cuando pensábamos en ella.

Alcanzar la vejez suele acompañarse de:

  • Pérdidas de seres queridos, discapacidades físicas y deterioros cognitivos (como sordera, ceguera, pérdida de memoria…) asociados al propio proceso de envejecimiento.
  • Pluralidad de patologías crónicas que disminuyen nuestra calidad de vida y aumentan la necesidad de depender del cuidado de otras personas.
  • Aparición de manías que pueden generar mayor rigidez y falta de consenso entre el resto de familiares.
  • Desconexión social que conlleva un sentimiento de abandono y soledad impuesta que puede acabar menguando el estado de ánimo de forma casi irremediable y provocando cambios de humor poco tolerables.

Todo ello puede provocar con facilidad que se origen ciertos roces y conflictos en la convivencia ya que soportar la situación o sobrellevar la realidad puede conllevar ciertas dificultades.

Las bases de una buena comunicación con un anciano

El adulto mayor necesita ser escuchado, aceptado y valorado aunque existan dificultades que le impidan oír bien o ver con nitidez o entender y comprender lo que se le está diciendo en todo momento. A pesar de esta disminución de sus habilidades sociales y de los posibles cambios bruscos de humor, hay que tratar de evitar que se enfade con facilidad.

El anciano es un ser muy vulnerable que tiende a apartarse tanto a nivel social como familiar. Es por ello que la conversación como la comunicación se deben conservar a diario: hacerle partícipe de forma proactiva ya que tienden a marginarse puede ser una buena estrategia para reforzar también su presencia e importancia y rebajar así el afán de egoísmo que puede aparecer en esta etapa de la vida.

Estrategias para convivir con una persona mayor

  • Ofrecerle mucho cariño y afecto, sobre todo por parte de sus familiares y personas más allegadas a él.
  • Es importante entrenarse en habilidades de autocontrol para que familiares y cuidadores no pierdan la paciencia con facilidad.
  • Preservar y mantener el grado de autonomía de ciertas habilidades que les permiten seguir con sus actividades diarias como vestirse, peinarse, comer o asearse.
  • Respetarle y hacerle partícipe de sus propias decisiones en la medida de lo posible y no anularlo por su discapacidad. Un ejemplo de ello es la administración del dinero, la cual suele delegarse por completo aunque todavía pueda colaborar en algunos detalles.
  • Repetirle las indicaciones, normas o aprendizajes tanto como resulte necesario, sin desprecios ni insultos.
  • Facilitarle el espacio y las instalaciones con medidas de adaptación que le permitan superar las barreras del día a día como salvar alturas, eliminar escalones, …
  • Llevar a cabo actividades adaptadas a su nivel de discapacidad para no favorecer al aumento de la frustración. Del mismo modo, se aconseja que se le explique que la unidad familiar también necesita hacer actividades sin él y desconectar

 

 

Andrea Arroyo

Especialista en psicología de la salud

Psicóloga consultora en Advance Medical